El pasado viernes, 27 de septiembre, un bombardeo israelí en el sur del Líbano acabó con la vida de Hasán Nasralá, el líder de Hezbolá. Nasralá ha compartido finalmente el mismo destino que Abbás al Musawi, a quien sucedió en el cargo después de que este último fuera asesinado por Israel en 1992.
Durante estos 30 años, la figura de Nasralá ha sido clave a la hora de transformar Hezbolá. El grupo comenzó siendo una milicia que combatía las tropas israelíes que, entre 1982 y 2000, ocuparon el sur del Líbano, pero llegó a convertirse en una fuerza militar más poderosa que el propio Ejército libanés.
Bajo el liderazgo de Nasralá, Hezbolá entrenó a combatientes del grupo armado palestino Hamás, y a milicias en Irak y Yemen. Según ciertas estimaciones, Hezbolá posee hasta 150.000 misiles proporcionados por Irán para atacar a Israel. Pero Hezbolá es más que un grupo armado: la organización tiene escuelas, clínicas, un sistema bancario alternativo, prisiones, canales de radio y televisión y redes de telecomunicaciones.
¿Qué ocurrirá con toda esta infraestructura militar y civil, ahora que Nasralá está muerto? ¿Y con los 60.000 combatientes que se cree que tiene Hezbolá? ¿Espera Israel que, u
Hoy en día, se hace difícil creer que Volodímir Zelenski, el presidente ucraniano, fuera una vez humorista. Viste siempre ropa militar verde o negra, con la insignia ucraniana visible, y una sombra de preocupación parece oscurecer su rostro. Quizá tuvo siempre la voz áspera, como si estuviera permanentemente al borde de la afonía; aunque yo me pregunto si ello no pueda ser un síntoma más del tremendo estrés al que está sometido desde que, en febrero de 2022, Rusia invadió su país.
Pero ahí sigue el presidente ucraniano, luchando. No hay semana, se diría, que no aparezca en los medios, denunciando en algún lugar del mundo las injusticias de la invasión rusa y buscando apoyos para su país.
El pasado 25 de septiembre, Zelenski se dirigió a la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York. “Hoy quiero hablaros de un día que ya ha pasado, y de un día que no debe llegar nunca”, dijo al inicio de su discurso. El día que ya había pasado era el 4 de marzo de 2022, cuando Zelenski recibió el “aterrador informe” de que tanques rusos estaban abriendo fuego contra la central nuclear de Zaporiyia, en el sur de Ucrania.
Y el día que no debe llegar nunca, dijo Zelenski, es el de un desastre nucl
El pasado 28 de septiembre se celebró el Día Internacional del Acceso Universal a la Información. Esta jornada fue creada por la UNESCO hace relativamente poco —en 2015— y, sin embargo, en cierta manera yo pienso que ya se ha quedado algo anticuada.
Hoy en día, el acceso a la información es sinónimo —creo— del acceso a Internet. Países como Angola, Marruecos y Nigeria, que impulsaron la proclamación del acceso a la información como un derecho fundamental, todavía van algo rezagados —asumo— en el despliegue de Internet. Es lógico que estos países quieran mejorar su situación, pero, entretanto, no deberían perder de vista el problema al que nos enfrentamos quienes ya tenemos acceso generalizado a Internet: disponemos de información, sí, pero, ¿de qué información? No todos los contenidos son iguales.
Recientemente, la organización no gubernamental Save the Children ha elaborado un informe sobre la desinformación y la exposición a discursos de odio de niños y adolescentes españoles en Internet. A estas alturas, el hallazgo de que un 60 % de los adolescentes utiliza las redes sociales como principal medio para informarse ya no resulta sorprendente. Otros datos ofrecidos por la ONG sí que
ChatGPT se ha ganado cierta fama de fabulista. De tener —muy en consonancia con los tiempos que vivimos— una “percepción” de la realidad a veces algo distorsionada. Pero, en ciertos casos, no es que el chatbot se desvíe un poco de la realidad; es que no acierta ni una, como acaba de descubrir un letrado catalán que recientemente presentó un recurso ante el Tribunal Constitucional español.
El presidente del Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, informó hace unos días de que el recurso presentado, “de especial trascendencia constitucional”, citaba 19 supuestas sentencias del alto tribunal que no se correspondían con la realidad.
Los estudiantes perezosos y tramposos no son, al parecer, los únicos en utilizar chatbots para hacer los deberes. Y, sin embargo, mientras que un estudiante no se juega tanto si lo descubren —un posible suspenso, imagino, y quizá una reprimenda del profesor—, el abogado catalán que ha sido pillado in fraganti tiene mucho que perder.
El Constitucional, como explicaba infoLibre el pasado 21 de septiembre, le impuso al abogado “tramposo” una sanción de apercibimiento. El alto tribunal dijo haber aplicado la menor sanción posible porque el letrado no tenía antecede
Javier Bardem es un tipo emotivo. Hace 30 años, ganó la Concha de Plata del Festival de San Sebastián al mejor actor por su interpretación en Días contados y El detective y la muerte. Cuando le entregaron el premio, dijo apenas tres palabras y se emocionó tanto que tuvo que dejar el escenario.
El pasado viernes, 20 de septiembre, al recoger el Premio Donostia, Bardem también se emocionó… y nos emocionó a muchos. El hombre que en esta ocasión subió al escenario es, sin embargo, ya todo un veterano del cine, y del “arte” de recibir premios: el Oscar, el Globo de Oro, el BAFTA y el Goya, entre otros. Supo contener las lágrimas y pronunció un bonito discurso.
Escuchando a Bardem, agradecí que el formato del Festival de San Sebastián le permitiera expresarse con una cierta holgura de tiempo; no como en esas ceremonias de premios donde, después de 30 segundos, empieza a sonar la música y lo empujan a uno casi físicamente fuera del escenario. El actor, como hace con frecuencia, habló con cariño y admiración de su madre, Pilar Bardem, fallecida en 2021, y también de sus hermanos —que, junto con el director de teatro Juan Carlos Corazza, le entregaron el premio—. Aunque quizá las palabras más