Nunca olvidaré la impresión que me produjo, a finales de los noventa, cruzar desde los Países Bajos a Bélgica en un viaje familiar. Atravesábamos con el coche campos sembrados de tulipanes cuando, en un punto, el asfalto se hizo más oscuro. Ese cambio, y un pequeño letrero donde podía leerse “Bélgica” sobre el fondo de la bandera de la UE fueron los únicos indicios de que estábamos en otro país. No había un alma, ni barreras, ni nada. No lo podíamos creer: nos parecía vivir en un mundo utópico, sin fronteras.
En realidad, las utopías nunca se cumplen del todo, pero sí se puede avanzar hacia ellas. El sueño de una Europa sin fronteras, tras el horror de la Segunda Guerra Mundial, ha sido el motor del llamado europeísmo de los ciudadanos del continente. Pero igual que se puede avanzar hacia las utopías, se puede desandar el camino, y ese retroceso parece haberlo iniciado nada menos que Alemania, un país clave en la construcción de la Unión Europea.
Presionado por el auge electoral de la extrema derecha, el Gobierno de Olaf Scholz ha decidido instaurar controles fronterizos y suspender en suelo alemán el Tratado de Schengen, el acuerdo que desde 1995 permite la libre circulación de pers
“Es el puesto más poderoso jamás creado dentro del brazo ejecutivo de la UE”. Así definía la semana pasada el influyente periódico Politico el cargo, de nueva creación, que desempeñará la socialdemócrata española Teresa Ribera en la Comisión Europea. Ribera será vicepresidenta de Transición Verde y Competencia, pero su cartera acumula tantas responsabilidades –y tan dispares– que es casi imposible que logre contentar a todo el mundo.
Jurista de formación, profesora, activista climática y funcionaria, a sus 55 años Ribera viene de ser vicepresidenta del Gobierno español y ministra de Transición Ecológica. Ella será el único referente progresista en un Gabinete europeo fuertemente escorado a la derecha y presidido por la conservadora Ursula von der Leyen, que repite mandato –y que ha nombrado a Ribera para ese top job, como se dice en la jerga de Bruselas–.
“Venimos de familias políticas muy diferentes y creo que esto forma parte de la tradición del proyecto europeo”, reconoció Ribera en una entrevista concedida a El País el jueves pasado. Rodeada de rivales ideológicos en el Ejecutivo europeo, Ribera tendrá además que endurecer la lucha contra la crisis climática sin que las empresas
Es difícil imaginar lo que para 147 seres humanos –27 de ellos niños– supuso pasar 19 días frente a la isla mediterránea de Lampedusa en la cubierta de un barco de 180 metros cuadrados, durmiendo en el suelo y con solo dos baños. Ocurrió en 2019 a bordo del buque de rescate humanitario Open Arms, bloqueado en el mar por una decisión política. Si 147 seres humanos sufrieron ese calvario fue por un responsable: el entonces ministro italiano del Interior, el ultraderechista Matteo Salvini, hoy vicepresidente del Gobierno encabezado por Giorgia Meloni.
Cinco años después de aquel vergonzoso ejemplo de falta de empatía y humanidad, la Fiscalía de Palermo ha pedido seis años de cárcel para Salvini, a quien acusa de secuestro. “Tenía la obligación de conceder un puerto seguro y no lo hizo. La persona que está en el mar debe salvarse, y es irrelevante su clasificación: migrante, componente de una tripulación o pasajero”, razonó el fiscal en su escrito de acusación.
Salvini respondió diciendo que, si de algo es culpable, es de “defender a Italia y a los italianos”. La primera ministra Meloni también salió en su apoyo: “Es increíble que un ministro se arriesgue a seis años de cárcel por haber
Desde 2002 existe en España la figura del ‘testamento vital’. Es un protocolo de actuación en el que los pacientes indican a sus familiares y a los médicos qué deben hacer en caso de accidente grave o enfermedad terminal. Qué desea el paciente que se haga con sus órganos, cómo desea ser informado de un pronóstico fatal, si quiere o no que lo mantengan con vida de forma artificial. El testamento vital sirve para descargar de responsabilidad a las familias y quien lo firma espera que se cumpla su voluntad punto por punto.
Precisamente por eso, por incumplir una última voluntad, España acaba de ser condenada a indemnizar a una mujer miembro de los Testigos de Jehová. En 2018, médicos de la sanidad pública española le hicieron una transfusión de sangre en Madrid, pese a que la paciente había dejado por escrito, en varias ocasiones, que no quería someterse a ese tratamiento. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo ha considerado que se vulneró la libertad religiosa de la mujer, e impone a España el pago de una indemnización de 12.000 euros, más otros 14.000 por los costos del proceso.
La paciente estaba aquejada de un mioma uterino y necesitaba una operación urgente que req
Como los duelos entre vaqueros en una película del Lejano Oeste, en la parrilla televisiva los duelos también suelen suceder al caer el sol, cuando la dura ley del prime time, el horario de máxima audiencia, decreta un ganador a la velocidad de una bala.
Este mes de septiembre, la cadena pública Radiotelevisión Española ha fichado al humorista David Broncano y su programa La Revuelta para desafiar a El Hormiguero, dirigido por el también humorista Pablo Motos, estrella del canal privado Antena3. Retar a Motos es una temeridad: son muchos los que han fracasado en el intento. El resultado del pulso entre ambos late night mantiene en vilo a medio país.
Esta vez estamos ante algo más que un duelo televisivo: en la pantalla compiten dos formas de entender el entretenimiento, dos formas de entender la política y, sobre todo, dos visiones muy distintas de cómo es España. Frente al star system de Motos (por su plató han desfilado estrellas como Taylor Swift o Will Smith), Broncano se presenta más pragmático, y más arriesgado. Invita a actores y cantantes, pero también a un surfista ciego, un cirujano o un antropólogo. En los últimos años, además, El Hormiguero ha politizado sus contenidos y