Pero vamos a empezar, si les parece, por la histórica decisión del Tribunal Supremo de los Estados Unidos…
En una decisión histórica, el Tribunal Supremo de Estados Unidos dictaminó que los presidentes tienen inmunidad absoluta y no pueden ser perseguidos penalmente por actos oficiales desarrollados en el ejercicio de su cargo. La resolución salió adelante con el voto favorable de los seis magistrados conservadores y con el voto en contra de las tres magistradas progresistas de la corte. El presidente, John Roberts, ha argumentado que los presidentes no puede ser perseguidos “por ejercer sus poderes constitucionales y merecen al menos presunta inmunidad por sus actos públicos”.
La decisión, de una extremada gravedad, pone en cuestión los cimientos mismos de la democracia estadounidense. ¿Podrán, a partir de ahora, los presidentes cometer crímenes sin ser juzgados por ello? ¿Está el comandante en jefe por encima de la ley? Hace casi dos siglos, Alexis de Tocqueville nos alertó en La democracia en América que la propia democracia puede subvertir la libertad.
Donald Trump celebró efusivamente el fallo de la corte: “Gran victoria para nuestra Constitución y la democracia. ¡Orgulloso de ser estadounidense!”, se vanagloriaba en su red social. La jueza Tanya Chutkan —que instruye el caso del asa
El 22 de mayo, el primer ministro británico, Rishi Sunak, compareció por sorpresa frente al 10 de Downing Street para convocar elecciones generales anticipadas el 4 de julio. Nada más empezó a hablar, un chaparrón cayó sobre el centro de Londres. Sunak quedó empapado ante las cámaras, chorreando agua ante toda la nación. La comparecencia con la que Sunak pretendía galvanizar el voto conservador acabó siendo un presagio del baño electoral que esperaba a los tories al cierre de las urnas.
El laborismo logró la victoria más holgada en unas elecciones en casi dos siglos. El rey Carlos III tardó apenas unas horas en convocar al líder laborista, Keir Starmer, al Palacio de Buckingham, para nombrarlo primer ministro.
La debacle del Partido Conservador no tiene parangón en la historia reciente del Reino Unido. El descalabro ha sido tan mayúsculo como esperado. Después de 14 años en el gobierno, los tories han perdido el favor de los británicos. Y por muchas razones. La primera: el Brexit, un error de dimensiones históricas. Los conservadores prometieron a la ciudadanía un futuro de prosperidad e independencia tras la salida de la Unión Europea, a la que culpaban de todos los males del país
Javier Milei llegó a la presidencia de Argentina con la promesa de desguazar el estado. Durante la campaña electoral se dejó ver blandiendo una motosierra y juró que si ganaba sería el topo que dinamitaría desde dentro las estructuras sistémicas del país. Milei se impuso en las elecciones presidenciales, pero en las legislativas no le fue tan bien. Obtuvo sólo 38 diputados y 7 senadores. Se quedó muy lejos de la mayoría absoluta, pasando a depender del apoyo de otros partidos para sacar adelante sus medidas.
Tras su investidura, lo primero que hizo Milei fue pedir al Congreso que le diera poderes especiales para poder gobernar por decreto, al estilo de los mejores autócratas. Pero la llamada Ley Ómnibus embarrancó en el parlamento, obligando al presidente a fajarse en la negociación con otras fuerzas políticas de derechas, especialmente con el partido del expresidente conservador, Mauricio Macri.
El pasado 28 de junio, Milei logró al fin que la Cámara de Diputados aprobara la Ley de Bases, una versión reducida de la Ley Ómnibus. El presidente argentino ha conseguido que el parlamento le confiera competencias extraordinarias durante un año al declarar “la emergencia pública en mater
Uno de los rasgos más característicos de los regímenes autocráticos es que suelen recurrir a supuestas amenazas externas para justificar los males internos. El gobierno de Cuba, por ejemplo, lleva décadas culpando al bloqueo de Estados Unidos de todos sus problemas económicos. Pero la grave situación que atraviesa la isla, con escasez de productos básicos, pobreza generalizada y una galopante inflación, tiene fundamentalmente causas endógenas: es la consecuencia directa de un modelo de economía planificada desde el estado. El comunismo ha fracasado y hay sobradas experiencias históricas que lo demuestran.
El presidente Miguel Díaz-Canel ha declarado que Cuba entra en una fase de “economía de guerra”, a pesar de que el país no está inmerso en ningún conflicto armado. El gobierno castrista utiliza este lenguaje belicista para eludir su propia responsabilidad en la crisis, forzar la paz social y evitar las muestras públicas de disenso. El régimen no quiere que se repitan las protestas populares de 2021, reprimidas con dureza por las fuerzas de seguridad. El férreo control informativo que hay en Cuba y las constantes violaciones de la libertad de prensa hacen que sea muy difícil saber q
“Buenas noches, thank you”, con estas palabras se despidió Jenni Rivera de las 17.000 personas que abarrotaban el Arena Monterrey el 9 de diciembre de 2012. Pasaban diez minutos de la una de la madrugada. Nada más terminar el concierto, Rivera se trasladó al aeropuerto para tomar un avión privado con destino a Ciudad de México. La aeronave despegó a las tres de la madrugada y se estrelló —por causas que aún se desconocen— pocos minutos después en una zona montañosa del estado de Nuevo León. No hubo supervivientes. México y Estados Unidos quedaron conmocionados al conocer el fallecimiento de una de las grandes estrellas de la música latina.
Nacida en Long Beach, en 1969, Jenni Rivera tuvo una carrera fulgurante. Vendió 25 millones de discos y se convirtió en una de las estrellas más rutilantes de la canción en español. Sus temas de desamor calaron hondo en los corazones de los aficionados a la música latina. Sus letras y sus melodías siguen sonando hoy en clubes y discotecas. Sus temas son inmortales.
Jenni Rivera no sólo brilló en el firmamento musical. También fue una mujer comprometida con las causas sociales; especialmente, en la lucha para erradicar la violencia contra la mujer