Como un puro producto publicitario. Así fue concebida, en 2018, la imagen pública de Jordan Bardella, delfín político de Marine Le Pen. La gran heredera de la ultraderecha francesa tomó el relevo en 2011 del Frente Nacional –hoy Agrupación Nacional–, el partido que había fundado en 1972 su padre, Jean-Marie Le Pen.
La decisión del presidente de la República, Emmanuel Macron, de convocar unas elecciones legislativas anticipadas supone que, por primera vez en más de 50 años, alguien del ‘clan Le Pen’ tiene posibilidades de convertirse en primer ministro.
Bardella es el candidato perfecto, fruto de una estrategia de marketing claramente definida: "Mi trabajo era convertirlo en un fascista agradable y sonriente, para que la gente lo escuchase y se sumase a las ideas de Agrupación Nacional", explicó el pasado 19 de junio en las páginas de El Periódico el reputado coach político Pascal Humeau.
Parece que la estrategia publicitaria ha funcionado. Bardella ya es más popular que su madrina, Marine Le Pen, según una encuesta publicada por Les Echos a mediados de junio. Nada que no pueda comprobarse en cualquier mitin electoral o fiesta de pueblo. Ante un público nervioso, apiñado y deseoso de e
Suele decirse que con dinero todo es posible, pero frente a la muerte ni siquiera el más rico tiene chance. El hecho de que los familiares de ocho personas asesinadas en Colombia vayan a recibir una indemnización de 38,3 millones de dólares no servirá para resucitar a las víctimas, pero al menos alguien pagará por sus crímenes. Y, en este caso, es muy llamativo quién va a desembolsar ese dinero: la compañía estadounidense Chiquita, una de las principales multinacionales bananeras del mundo.
Entre 1997 y 2004 una guerrilla paramilitar de extrema derecha denominada Autodefensas Unidas de Colombia (las AUC) asesinó a esas ocho personas. Esos crímenes, lamentablemente, fueron solo la punta del iceberg. Durante ese periodo el narcotráfico creció, bañando el país en sangre y sufrimiento: asesinatos, secuestros, torturas y violaciones se contaban por miles. Y si las AUC y otros grupos armados podían operar con tan siniestra eficacia fue también gracias a la financiación de empresas como Chiquita.
El pasado mes de marzo ya contamos en este programa que la Fiscalía de Colombia había acusado a 14 ejecutivos bananeros de financiar a la guerrilla. Entre 1996 y 2004, las AUC recibieron hasta 8,5
En el cuento de Cenicienta, cuando el reloj da la medianoche, la carroza se convierte en una calabaza. Algo parecido sucedió el 21 de diciembre de 2016 en Venezuela. Ese día, se esfumó la ensoñación de las grandes infraestructuras que iban a cambiar la faz del país. Ese día, cayó en desgracia la empresa brasileña Odebrecht, que se había comprometido con el gobierno venezolano a desarrollar 23 megaproyectos. Entre otros: puentes, líneas de metro, trenes, teleféricos, un nuevo aeropuerto y una presa hidroeléctrica.
El día en que el hechizo se esfumó, el mundo asistió atónito a una noticia desvelada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos: cientos de políticos y altos funcionarios de 12 países, la mayoría latinoamericanos, llevaban años cobrando sobornos de la empresa brasileña a cambio de proporcionarle suculentos contratos de obras públicas. Tras una cascada de escándalos políticos, procesos judiciales y dimisiones en los países afectados, Odebrecht entró en bancarrota. Todos sus proyectos, algunos a medio hacer, frenaron en seco.
Prometer que la calabaza volverá a convertirse en una lujosa carroza es una vieja estrategia política. En Venezuela, esa promesa es recurrente en
Creemos que son las ideas y las grandes teorías las que mueven el mundo, pero a menudo el motor de todo es puramente material. Hubo hace siglos una fiebre del oro y, desde entonces, la metáfora del oro ha servido para explicar la historia de la humanidad. Al oro auténtico, amarillo, le han seguido otros oros, figurados: el ‘oro negro’ del petróleo, el ‘oro azul’ del agua y, ahora, el ‘oro blanco’ del litio.
Hoy nos parece que siempre estuvo allí la maraña de tuberías, rutas comerciales y refinerías que hacen posible que siga latiendo, aunque cada vez más débilmente, el sistema circulatorio del petróleo. Pero hubo un tiempo en que todo eso se planificó. Ese mismo proceso se está produciendo, en el presente, con el litio.
Alejada del gran público y de los focos de los medios de masas, existe una rivalidad desatada entre grandes potencias para ver quién se asegura la explotación de más yacimientos y construye las cadenas de distribución y suministro más amplias. China, Estados Unidos y la Unión Europea están tomando posiciones en una carrera que comenzó hace años y que será cada vez más reñida, a medida que se va acelerando la transición hacia una economía sin combustibles fósiles.
El f
Es un gesto leve, un sutil roce de la yema del dedo sobre una pantalla, pero dar ‘me gusta’ a una publicación en las redes sociales puede significar mucho más que una inocente expresión de aprobación. Sin embargo, en X, la antigua Twitter, los likes acaban de perder gran parte de su encanto: desde el 12 de junio han comenzado a ser privados. La polisemia de los ‘me gusta’ ha quedado cercenada, lo que le quita mucha poesía al antiguo Twitter (si es que le quedaba alguna, después de todos los cambios introducidos por su nuevo dueño, el magnate Elon Musk).
Es posible que el auténtico significado de un like solo lo sepa quien lo da. Y quien lo recibe. Los amantes en secreto intercambiarán likes en público y solo ellos sabrán lo que encierra ese corazoncito coloreado. Un ‘me gusta’ puede significar, en realidad, ‘me gustas’ o ‘te añoro’ o ‘mírame, existo’; pero también cosas mucho más prosaicas. El empleado que tuitea en horario laboral y recibe un ‘me gusta’ de su jefe, seguramente se prepare para una reprimenda.
Hay quien usa esa funcionalidad para recopilar publicaciones y leerlas después: como un marcapáginas en el enorme libro de Twitter. Un like también puede servir de mero trámit