Una aventura psicodélica en el desierto mexicano
7. En la cima de la montaña sagrada
Había perdido por completo la noción del tiempo.
Asomado al balcón de la habitación, en medio de la densa oscuridad de la noche, observaba una muy
tenue claridad tras las montañas lejanas. ¿Estaría amaneciendo o anocheciendo? No tenía la menor idea. Ahora que las alucinaciones
se habían esfumado, al fin pude observar el reloj en mi muñeca.
Las manecillas marcaban las diez. Tenía que ser, por tanto, de noche, aunque el ya distante sol aún ofrecía los últimos rayos de tímida iluminación
luego de haberse ocultado tras el horizonte. Habían transcurrido, por tanto, unas tres horas y media de intensas visiones y alucinaciones en el interior de mi habitación, a pesar de que yo tenía la sensación de
haber sobrevivido a un día completo de torturas visuales. Al fin, bastante
agotado, tanto física como mentalmente, pude conciliar el sueño.
A la mañana siguiente, a eso de las ocho, me encontraba
en perfecto estado para dar inicio a otra jornada plagada de esfuerzo y actividades. Asombrosamente,
nada parecía indicar que yo hubiese pasado el día anterior cabalgando durante varias horas por el desierto y la montaña, luego
deambulando largamente por el pueblo y, finalmente, haciéndole frente a