Tokio aviva la llama de la deportividad
18 August 2021
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El espíritu olímpico
ha vuelto a brillar este verano, bajo la antorcha de Tokio. La historia de los Juegos recordará para siempre la
prueba masculina de salto de altura, que se resolvió con una emocionante demostración de deportividad. El
atleta italiano Gianmarco Tamberi y el catarí Mutaz Barshim —rivales y amigos— elevaron progresivamente el listón
sin errar ninguno de sus intentos, hasta que trataron de superar los 2,39 metros. Ambos fallaron sus tres tentativas sobre esta marca y
quedaron así totalmente igualados. Ante este resultado insólito, se les concedió la oportunidad de seguir compitiendo,
hasta deshacer el empate. Ellos, sin embargo, se miraron a los ojos, estrecharon con fuerza sus manos,
se fundieron en un efusivo abrazo, y decidieron compartir la medalla de oro. En lo más alto del podio, cada uno
colgó el metal sobre los hombros del otro: dieron al mundo una imagen de los mejores valores del atletismo.
La deportividad es una
cualidad que honra a los competidores en la victoria, como en este caso, pero
tal vez más aún en la derrota. Los Juegos Olímpicos de Río 2016 dejaron un ejemplo insuperable en la
prueba femenina de 5.000 metros. La neozelandesa Nikki Hamblin
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