El gallo Maurice tiene derecho a seguir cantando
18 September 2019
La isla de Oléron es, después de Córcega, la segunda más grande de la Francia metropolitana. Se encuentra situada en el departamento del Charente-Marítimo, en la costa oeste del país, muy cerca de la localidad de Rochefort. En los últimos años, se ha convertido en un reputado destino turístico, hasta el punto de que la población de su principal localidad, Saint-Pierre-d’Oléron, pasa de 7.000 habitantes en invierno, a 35.000 en verano. La llegada de miles de visitantes, cada época estival, obliga a los residentes de la isla a cambiar sus costumbres y a modificar sus hábitos de vida. A la población eminentemente rural de Oléron le cuesta adaptarse al carácter urbano de la mayor parte de los turistas. Y viceversa.
El caso que mejor ilustra esta dialéctica de conflicto entre el campo y la ciudad es el del gallo Maurice. Muchos urbanitas viajan al mundo rural para disfrutar de la naturaleza, de los paisajes campestres y del aire limpio. Pero, a menudo, no son capaces de soportar los ruidos u olores que producen los animales. Tal es el caso de una familia de turistas que veraneaba en la isla de Oléron. Hartos de que un gallo llamado Maurice los despertara todos los días al alba, decidiero