Malí, a la deriva
23 February 2022
Fred Marie / Shutterstock.com
Corría el año 2013.
El entonces gobierno de Malí, presidido por Ibrahim Boubacar Keïta,
solicitó ayuda a su antigua metrópoli, Francia, para combatir el
auge del terrorismo yihadista, que ya en aquella época
amenazaba los países de la región del Sahel, una enorme
franja que se ubica entre el norte y el centro del continente africano y que
lo recorre de oeste a este. El gobierno galo envió efectivos militares en misiones como
Serval o
Barkhane con un objetivo claro:
evitar que los extremistas, que ya
se habían hecho fuertes en zonas del norte y del centro del territorio malí,
se hicieran con el control de todo este estado del África occidental.
Durante varios años,
soldados franceses, pero también de otras naciones europeas y Canadá,
fueron desplegados en bases como Gossi, Menaka y Gao y lograron, a juicio del Elíseo,
contener las embestidas de grupos como Al Qaeda y el Estado Islámico. Con el paso del tiempo, no obstante, el Sahel
se ha convertido en un avispero en el que se han multiplicado este tipo de organizaciones
vinculadas al extremismo islamista. Unas organizaciones que
cada vez tienen más libertad para moverse y atacar a las comunidades más
desprotegidas de países como Maur