Pero vamos a empezar, si les parece, por la controvertida entrevista que le ha realizado Elon Musk a Donald Trump, en la red social X.
Hace 20 años, el mundo asistió a la eclosión de las redes sociales en internet, un hecho revolucionario, que cambiaría para siempre nuestra forma de comunicarnos. Plataformas como Facebook y Twitter dieron voz en el ágora pública a quien hasta entonces no la tenía. Cualquier ciudadano tenía una ventana abierta para hacerse oír, sin intermediarios. En los regímenes autoritarios el disenso empezó a canalizarse a través de las redes sociales. Las grandes movilizaciones de la llamada Primavera Árabe —en 2011— se organizaron a través de las plataformas digitales, que sumaban cada día miles de nuevos usuarios. Los políticos, las empresas, las instituciones y las organizaciones sociales tampoco perdieron la ocasión de abrir cuentas y perfiles en Facebook, Twitter o Telegram, para comunicarse directamente con el público.
El paso de los años demostró, sin embargo, que las redes sociales tenían también un lado B. Los algoritmos que muchas de ellas utilizaban para jerarquizar sus contenidos abonaron el terreno para la difusión de noticias falsas y la radicalización política. El resultado fueron sociedades más desinformadas y más polarizadas. Las redes sociales nunca debieron haber ocupado el l
Esta semana se celebra en Chicago la Convención Nacional Demócrata, que debe certificar la nominación de Kamala Harris como candidata del partido a la Casa Blanca. El ticket electoral lo completa el Gobernador de Minnesota, Tim Walz, como aspirante a la vicepresidencia. La elección de este hombre blanco de 60 años, oriundo de una aldea de Nebraska, tiene como objetivo disputar a los republicanos el voto del mundo rural. Donald Trump aplicó una lógica similar al elegir como compañero de ticket al congresista JD Vance, autor del libro Hillbilly Elegy.
A lo largo de los últimos 20 años, se han roto muchos techos de cristal en Estados Unidos. Barack Obama se convirtió, después de ser elegido en 2008, en el primer presidente negro de la historia. Hillary Clinton fue en 2016 la primera mujer candidata a la Casa Blanca. Kamala Harris es la primera mujer afroamericana y de ascendencia india que aspira a la presidencia de los Estados Unidos. Pero lo que todavía no hemos visto nunca es a un latino en un ticket presidencial. Algo que no deja de resultar paradójico, si tenemos en cuenta que estamos hablando de la mayor minoría del país, con más de 60 millones de personas, que representan casi
En 1774, antes de convertirse en el tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson publicó su Visión sucinta de los derechos de la América británica, un texto en el que declaraba que “el arte de gobernar no es otra cosa que el arte de ser honesto”. Una afirmación que puede sonar como una obviedad, pero la realidad es que, a día de hoy, en la mayor parte de los países del mundo, los ciudadanos sienten que sus representantes les engañan y no les dicen la verdad. La falta de confianza en la política y el descrédito de las instituciones están minando la solidez de los sistemas democráticos. La polarización política y las trincheras ideológicas limitan también la expresión del pensamiento crítico.
Esta es, posiblemente, la razón que explica que una parte de la izquierda latinoamericana no haya sido capaz de alzar la voz para denunciar el presunto fraude electoral cometido por el oficialismo en las elecciones presidenciales celebradas en Venezuela el pasado 28 de julio. Así es: Cuba, Nicaragua, Honduras y Bolivia se apresuraron a felicitar a Nicolás Maduro por su reelección. Los presidentes de Brasil, México y Colombia se limitaron a pedir al régimen bolivariano que presentara
América Latina tiene algo más de 650 millones de habitantes, el 8% de la población mundial. Sin embargo, en los Juegos Olímpicos de París, los países latinoamericanos obtuvieron sólo 10 de las 328 medallas de oro en liza, apenas el 3% del total. Brasil obtuvo tres oros, Cuba dos, y Argentina, Chile, Ecuador, Guatemala y la República Dominicana, uno cada uno. ¿Cómo es posible que un país como México, con más de 120 millones de habitantes, o Colombia, con 51 millones, no hayan obtenido ni un solo oro? Australia, sin embargo, con una población de 26 millones de personas, ha obtenido 18 oros, quedando cuarta en el medallero, sólo por detrás de Estados Unidos, China y Japón. ¿Cuáles son las razones que explican el mal desempeño de los países latinoamericanos en los Juegos Olímpicos? Esta es una pregunta que, sin duda, merece ser planteada.
Aunque las causas son muy variadas y no se pueden analizar con categorías generales, los expertos coinciden en que los factores socioeconómicos inciden directamente en el éxito deportivo. Los países con mayores niveles de renta per cápita tienen más recursos para invertir en el desarrollo de sus deportistas. Tienen más dinero para crear buenas instalac
Recuerdo con nitidez la primera vez que visité el monumento megalítico de Stonehenge. Corría el mes de mayo del año 2010. A primera hora de la mañana cogí un tren desde Londres con destino a Salisbury, en el condado de Wiltshire. Lo primero que hice al salir de la estación, fue visitar la catedral gótica de la ciudad, una auténtica joya arquitectónica. Stonehenge se encuentra a unos 13 kilómetros de allí. Los autobuses parten con frecuencia y el trayecto es breve. La carretera está flanqueada por prados verdes en los que pastan relajadas las ovejas. A la memoria me vienen los rayos de sol alanceando las plantaciones de colza que tiñen de amarillo el horizonte. En medio de este paisaje, emerge poderosa la silueta de los megalitos de Stonehenge.
Hasta hoy se creía que los monolitos que conforman este monumento funerario procedían mayoritariamente de un yacimiento neolítico de la vecina Gales. Sin embargo, una investigación publicada la semana pasada en la revista Nature sugiere que la gran piedra del altar, que pesa cerca de seis toneladas, es originaria de Escocia.
La investigación, liderada por expertos de la Universidad Curtin, constata que esta gran roca procede seguramente de la