Lo que Seattle ha hecho mejor que Nueva York
13 May 2020
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La toma de decisiones sobre
una realidad que se desconoce siempre es difícil. Los
bandazos sobre qué se debe hacer y qué no ante el coronavirus han sido inevitables. Por ejemplo, en el uso de las mascarillas: en algunos países se dijo que no era necesario; incluso que era contraproducente. Algo parecido pasó con la práctica individual de
deporte en el exterior: prohibida en ciertas ciudades,
permitida en otras. Los propios científicos han tenido dificultades
para ponerse de acuerdo a la hora de hacer recomendaciones a los políticos. Los resultados de esas decisiones han sido muy distintos en términos de vidas humanas y contagios. Un caso paradigmático es el de las ciudades de Seattle y Nueva York.
En ellas, los brotes han sido más o menos simultáneos. En Seattle, sin embargo,
empezaron a hacer tests muy pronto, incluso contra el criterio de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, en sus
siglas inglesas). Gracias a eso, la ciudad supo tempranamente que la COVID-19 se estaba expandiendo entre la población. Además, los responsables políticos no dudaron en
enviar un
mensaje rotundo de que algo grave
se avecinaba. Ese mensaje no consistió solamente en palabras, ta