Turquía reprime a la fuerza la fiesta del orgullo gay
Durante siglos, quién sabe si milenios, el ser humano ha despreciado a sus congéneres homosexuales (principalmente los varones), tildándolos de amanerados, afeminados, débiles, cobardes. Siempre se les ha asociado con la supuesta flaqueza de las mujeres, el teórico “sexo débil”, un cliché que ha sobrevivido a través de los siglos y que debería ya ser desterrado para siempre. Y sin embargo, han sido precisamente las mujeres y el colectivo LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales) quienes han conquistado por sí mismos sus derechos a lo largo de las últimas décadas, gracias a su propio valor y prácticamente sin ayuda de nadie. Y si alguien tiene alguna duda acerca del coraje y la “hombría” del colectivo gay, basta echar un simple vistazo a lo ocurrido el pasado 25 de junio en las calles de Estambul.
El odio anónimo se expande a través de Internet
Creo que todos tenemos a un amigo o conocido que en reuniones sociales se comporta de forma perfectamente amable y correcta. Luego, si alguna vez coincidimos con él en un estadio de fútbol, ocurre que no podemos creer que se haya transformado en otra persona completamente distinta: agresiva, vociferante, ofensiva, violenta. Solemos entonces justificarle con simpatía argumentando que un partido de fútbol es algo “inofensivo y excepcional”. “Simplemente se está desahogando un poco en el estadio”, decimos a modo de disculpa, cuando lo cierto es que deberíamos decir algo completamente opuesto: “Nuestro amigo sencillamente logra controlarse en sociedad”. Y es que ya lo decía mi admirado Sigmund Freud: somos todos “hipócritas culturales” que logramos comportarnos en sociedad como si fuéramos buenos actores. En otras palabras: muchos de nosotros somos auténticos energúmenos por naturaleza, carácter que debemos disimular cuando estamos en compañía de otras personas civilizadas.
¿Y qué es lo que cambia exactamente en un estadio o en cualquier otra aglomeración de masas? La respuesta es muy sencilla: ahí nos sentimos seres anónimos, ocultos, disimulados entre la irracional marabunta. El
El socialismo español sale del coma
Creo que para nadie es un secreto que la socialdemocracia vive, hoy en día, uno de los momentos más difíciles de su historia. Luego de haber servido de guía y pilar en el renacimiento de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, y luego de haber sentado las bases del Estado de Bienestar que todo el resto del planeta envidia, hoy por hoy esta noble ideología vaga por el continente como un alma en pena. Ha sido barrida prácticamente de todos los gobiernos europeos. La globalización y el neoliberalismo parecen haber cavado su tumba. Y la crisis global, las incertidumbres económicas y el miedo al extranjero le han dado el tiro de gracia. En tiempos convulsos, la población temerosa parece refugiarse en los valores seguros y tradicionales que defiende la derecha.
La socialdemocracia no se encuentra a sí misma. Cada año intenta redefinirse, autoexaminarse, hallar su razón de ser, y no lo consigue. En Francia, cuna de las revoluciones igualitarias, prácticamente ha recibido la extremaunción en las recientes elecciones. Por no hablar de Estados Unidos, donde la palabra “socialista” muchas veces se utiliza como un insulto para descalificar a los rivales políticos.
Sin embargo, tras larg
El independentismo vasco se mira en el espejo catalán
Tras varios años de calma tensa y paz relativa, en los que la banda terrorista ETA ha ido difuminándose por sí sola hasta casi desaparecer, muchos dirigentes en Madrid pensaban que los vascos ya no darían más quebraderos de cabeza por un buen tiempo. Finalmente el lehendakari (máximo dirigente del País Vasco) había aparcado sus ansias libertarias, le había dado la espalda a los partidos nacionalistas que siempre han simpatizado con ETA, y se había venido a pactar con los partidos españolistas para lograr formar un gobierno estable. Todo parecía marchar sobre ruedas tras “los años de plomo”. La amenaza constante de fractura territorial parecía provenir únicamente de las tierras catalanas.
Pero todo eso puede haber cambiado el pasado 23 de junio. Aquel día, el mayor sindicato vasco y la formación EH Bildu (partido político que jamás ha ocultado su simpatía hacia ETA), proclamaron la creación de un frente soberanista que imite, en cierta medida, la estrategia seguida por el movimiento independentista catalán. Ambas formaciones instan al lehendakari Íñigo Urkullo a abandonar su modelo pactista y a unirse a las fuerzas secesionistas. El objetivo, emulando las maniobras en Cataluña,
La curiosa historia de Montse: una okupa ilegal en su propia casa
Hay quienes piensan que el turismo es la peor epidemia del siglo XXI. Tengo muy buenos amigos que viven en Barcelona y, por lo que me cuentan acerca de la masificación turística experimentada en los últimos años, estoy comenzando a pensar que esa idea encierra bastante verdad. París, Londres, Roma, Venecia, Nueva York… caminar por sus calles y museos más célebres y concurridos se está transformando en una difícil tarea que requiere muchísima paciencia. Pero lo peor para los citadinos no es tener que lidiar con la vorágine de turistas que, como cualquier plaga de langostas, arrasa con todos los recursos a su paso. No, la consecuencia más grave e inmediata es la subida incesante de precios, sobre todo de las viviendas y alquileres, algo que está obligando a los propios habitantes a dejar atrás sus hogares de toda la vida.
No en balde una encuesta publicada el pasado 23 de junio revela que el turismo, por primera vez en la historia, representa la primera causa de preocupación para los barceloneses, por delante del desempleo, la crisis económica y el terrorismo. Todas las alarmas se han disparado. Los gobiernos no cesan de hacer promesas para atajar el problema, pero lo cierto es q