En las democracias siempre ha habido quien intenta engañar a los votantes con manipulaciones o falsas promesas. Sin embargo, nunca antes en la historia esos engaños habían sido tan efectivos. Vivimos permanentemente conectados a Internet y, por tanto, nunca antes habíamos pasado tantas horas expuestos a bulos y noticias falsas. La manipulación es hoy más efectiva que nunca.
La esencia de la democracia reside en que los ciudadanos elijan libre y voluntariamente a sus representantes. Hasta hace solo unos años, los ciudadanos se formaban una opinión sobre los políticos de dos maneras: o bien en los medios de comunicación tradicionales, o bien directamente en los mítines políticos, en las calles y en las intervenciones parlamentarias. En un mundo ideal, un votante contrasta racionalmente propuestas, compara programas y, al final, elige en conciencia.
Hoy, todo eso ha saltado por los aires. Los ciudadanos son más vulnerables que nunca a los bulos y a la desinformación, con lo que su criterio a la hora de votar es cuestionable. En 2016 conocimos el ‘Russiagate’, la campaña de desinformación con la que el Kremlin impulsó la campaña electoral de Donald Trump. En la primavera de 2018 saltó a
Un joven amenazante, encapuchado con un machete en la mano: así representa a los inmigrantes el partido ultraderechista Vox. Años de bulos xenófobos en redes sociales y pseudomedios han logrado convertir a la inmigración en una de las principales preocupaciones de los españoles, según las encuestas oficiales. Una vez impuesto este relato, pocos políticos de derechas osan perder votos mostrándose tibios con la inmigración.
España recibe inmigrantes sin papeles a diario. Llegan en embarcaciones precarias a las Islas Canarias, o saltan las fronteras de las ciudades de Ceuta y Melilla. Además, en los últimos años está creciendo el número de menores que llegan solos. Por eso se les llama ‘menas’, acrónimo de ‘menores no acompañados’. Solo en Canarias, aguardan un futuro mejor unos 5.600 niños y adolescentes, según estimaciones de El País. Pero la capacidad máxima de acogida de las islas es de 2.000 plazas.
Tanto el Gobierno regional canario como los de Ceuta y Melilla exigen el traslado de los menas a la Península, lo que supone un enorme problema político. España es un país prácticamente federal: sus autoridades regionales tienen mucho poder y el gobierno central no puede obligarlas a a
Cuando las noticias son malas para los osos polares, son malas también para la humanidad. A principios de este mes, la revista científica Nature publicó un estudio muy inquietante: antes de 2030, concretamente en el verano de 2027, podríamos conocer un océano Ártico sin hielo. Más de uno se frotará las manos viendo oportunidades de negocio –nuevas rutas comerciales y turísticas, nuevos yacimientos de materias primas–, pero los científicos ven las cosas de otra manera.
Un Ártico sin hielo, aunque solo sea en verano, tendrá un efecto dominó en la meteorología mundial. Acelerará aún más el cambio climático y causará en latitudes medias –es decir, donde vive la inmensa mayoría de la población humana–, fenómenos atmosféricos más extremos: huracanes, inundaciones, incendios forestales y tempestades de nieve.
Por supuesto, el deshielo también dañará al ecosistema ártico: tanto a nuestro amigo el oso polar, como a otras muchas especies y al zooplancton que alimenta la diversidad marina.
Desde 1978, el Ártico se ha reducido a un ritmo del 12% anual, lo que equivale a la superficie de Carolina del Sur o de Austria. Ahora los investigadores han descubierto, gracias a más de 300 modelos informáti
Desde que la Gran Recesión de 2008 terminó, brotan como champiñones decenas de empresas que prometen poner a nuestro alcance casi el universo entero. Basta un clic en la pantalla del móvil para recibir todo tipo de productos y servicios, ya sea online o en casa: películas, música, comida, muebles, un fontanero, una babysitter, un chófer… Es la “economía de plataformas”.
Hoy todo el mundo conoce grandes nombres como Amazon, Netflix, Spotify o Uber. Empresas que parecen muy modernas y dinámicas, aunque su idea de negocio en realidad es antigua: hacer de meros intermediarios. Al principio, para echar a andar, estas empresas no necesitan mucho dinero; lo suficiente para diseñar una app y lanzar una campaña publicitaria.
Así nació, en 2014, en Barcelona, la empresa Glovo. Empezó con solo 120.000 euros de capital inicial, pero acabó convirtiéndose en un gigante del reparto a domicilio en 25 países. En 2021, Glovo fue adquirida por 800 millones de euros por la multinacional Delivery Hero.
Con su voluminosa mochila amarilla colgada a la espalda, los repartidores que trabajan para Glovo –los riders– son un icono en grandes ciudades de Europa. Ya decimos que el secreto del éxito es viejo: inte
A veces, para dejar al rival fuera de combate basta con golpear primero. Lo saben muy bien los entrenadores de boxeo, los expertos en publicidad y, también, Abel Caballero. El alcalde de Vigo está empeñado en convertir a esta ciudad gallega de 300.000 habitantes en referente mundial de la Navidad, por encima de competidoras como Nueva York, Londres, Copenhague o Tokio.
Desde 2018 Caballero golpea primero y en verano –para sorpresa de los turistas que se tuestan al sol de las playas que rodean la ciudad– da la orden de comenzar a instalar el alumbrado navideño. “Queremos que todo el mundo venga a Vigo, ahora en verano también, pero ya empezamos a hacer la invitación para la Navidad”, dijo el pasado 2 de agosto, cuando comenzó la instalación. Ese día, los termómetros marcaban 28 grados.
En total, 11,5 millones de bombillas se encienden a mediados de noviembre e iluminan hasta enero el centro urbano. El desembolso, solo en iluminación, es de 800.000 euros. A eso hay que añadir los mercados navideños, carpas con bares y restaurantes, una enorme noria, atracciones de feria y un ruido y trasiego constantes de gente.
El negocio es enorme para las agencias de viajes. Autobuses procedentes