El Camino de Santiago
Capítulo Séptimo – Cruceiros y Cápsulas japonesas
La noche anterior, cuando nos registramos en el
albergue, nos ofrecieron un servicio que llaman “taxi-mochila” que cuesta tres euros y gracias al cual
le llevan a uno la mochila al albergue que uno le indique de la siguiente etapa. Me fijé que este servicio estaba
disponible en los albergues a partir de la etapa en la que llegamos a Sarria. La verdad es que,
llegados a este punto del camino, uno ya no se plantea cambiar los hábitos para hacerlo más fácil, pero he de confesar que me imaginé en varias ocasiones lo
cómodo que debía ser el poder hacer la misma ruta sin un peso de diez kilos a la
espalda. Mismamente, mi padre había completado así el viaje años atrás con un grupo de amigos donde, además,
se alojaban en hostales en lugar de albergues a los que llegaban con una reserva previamente hecha, de forma que
no tenían que pelearse con otros peregrinos por las limitadas plazas públicas. Lo importante, al final,
radica en completar el camino. Hacerlo a pie o en bicicleta, con o sin mochila, en albergue público, privado, en hostal o en hotel,
es lo de menos. Lo importante es lo que uno consigue a nivel personal.
Dejamos atrás Portomarín tras un buen
desayuno. Salimos del albergue