Silencios Imborrables
Registros
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Cuando Helena tenía unos quince años, el párroco de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús un día los presentó. Ambos eran estudiantes de música. De hecho, el cura y Ramón eran muy amigos y, los domingos, el cura lo invitaba a tocar ese órgano tan maravilloso de su iglesia. A veces, el cura también organizaba un pequeño concierto en el barrio. Entonces, Helena y Ramón hacían un dueto. Ella tocaba el oboe y él tocaba el órgano. ¡Helena participaba en todas las actividades que podía! Veinte años atrás, en el barrio, no había mucha gente que tocara música a ese nivel! Incluso, una vez al año, el párroco organizaba un concierto fuera de la iglesia y ellos dos eran los protagonistas con sus instrumentos. A Helena le gustaba ayudar al párroco y a la iglesia… El cura era un hombre totalmente entregado al barrio, y en particular a la escuela. Así que, para Helena, esa ayuda era una forma de gratitud.
Para Helena, Ramón era un compañero. Con él compartió muchos momentos musicales. Ella amaba la música y tenía muchas ganas de aprender. Lo veía como un maestro, una persona