| Jorge: | María, lo que te voy a contar ocurrió realmente. Quiero que te imagines la situación. Estás en el concurrido centro de la ciudad. Un hombre, un joven en realidad, se acerca a hablarle a la gente que pasa apurada. |
| María: | ¿Es una película lo que me estás contando? |
| Jorge: | No, no. Es una situación real, en un lugar y tiempo definidos: Santiago de Chile, junio de 1980. |
| María: | En plena dictadura militar, bajo el mando del general Augusto Pinochet. |
| Jorge: | Así es. Tiempos difíciles para Chile. Había toque de queda todos los días a las 8 de la noche, los partidos políticos estaban prohibidos, las discusiones políticas también; y el que hablaba en contra del gobierno corría el riesgo de “desaparecer” sin dejar rastro. |
| María: | Una época en la cual confiar en extraños era algo peligroso. ¿Y dices que este joven andaba por ahí tratando de abordar a la gente? |
| Jorge: | No estaba loco, no pedía dinero. Solo hacía preguntas. Y detrás suyo había gráficos, diagramas, números, estadísticas. |
| María: | ¿Estaba llevando a cabo una encuesta? |
| Jorge: | Sí. Y si hubieras estado en ese lugar y en ese momento, te hubiera hecho una pregunta muy simple: “¿Es usted feliz?” |
| María: | ¡Qué raro! |
| Jorge: | Si hubieses visto la forma en la que presentaba la información y, sobre todo, el miedo que se escondía en sus ojos... le hubieses contestado. |