¿Alguna vez has visto una de esas icónicas fotografías de la era dorada de los rascacielos? Aquellas que muestran a trabajadores balanceándose sobre las vigas de un edificio en construcción; a veces en poses graciosas y otras, simplemente cumpliendo su precaria labor… Si tan sólo ver imágenes de estas hazañas que desafían la muerte, te causa vértigo y malestar, lo más probable es que no tienes nervios de acero.
Esta expresión es una metáfora que se usa muy frecuentemente para describir a personas con una fuerte constitución mental, sobre todo en los momentos de gran tensión o peligro. Una persona con nervios de acero es considerada valiente, capaz de asumir mucho más riesgo que una persona promedio y controlar sus emociones. Si tienes un temperamento inamovible y te mantienes tranquilo incluso cuando los que te rodean pierden su compostura, seguramente puedes reclamar con orgullo que posees nervios de acero.
Algunos sugieren que el origen de esta frase son esos obreros encaramados, muy por encima de las calles de la ciudad, sobre los esqueletos de futuros rascacielos. A principios del siglo veinte, avances en la tecnología metalúrgica permitieron la producción de grandes cantidades de acero reforzado, lo que a su vez dio inicio a la construcción de estructuras cada vez más altas. Los habitantes de ciudades como Nueva York quedaron fascinados con las vigas las acero que tocaban el cielo y la valentía de quienes trabajaban ahí arriba. Es fácil imaginar cómo pudo haber surgido naturalmente esta comparación. Sin embargo, la falta de una fuente acreditada y el hecho de que el acero ya se fundía hace miles de años, sugiere que la expresión podría ser muchísimo más antigua.
En inglés se usa la misma frase, también con bastante frecuencia: to have nerves of steel.
Esta expresión es una metáfora que se usa muy frecuentemente para describir a personas con una fuerte constitución mental, sobre todo en los momentos de gran tensión o peligro. Una persona con nervios de acero es considerada valiente, capaz de asumir mucho más riesgo que una persona promedio y controlar sus emociones. Si tienes un temperamento inamovible y te mantienes tranquilo incluso cuando los que te rodean pierden su compostura, seguramente puedes reclamar con orgullo que posees nervios de acero.
Algunos sugieren que el origen de esta frase son esos obreros encaramados, muy por encima de las calles de la ciudad, sobre los esqueletos de futuros rascacielos. A principios del siglo veinte, avances en la tecnología metalúrgica permitieron la producción de grandes cantidades de acero reforzado, lo que a su vez dio inicio a la construcción de estructuras cada vez más altas. Los habitantes de ciudades como Nueva York quedaron fascinados con las vigas las acero que tocaban el cielo y la valentía de quienes trabajaban ahí arriba. Es fácil imaginar cómo pudo haber surgido naturalmente esta comparación. Sin embargo, la falta de una fuente acreditada y el hecho de que el acero ya se fundía hace miles de años, sugiere que la expresión podría ser muchísimo más antigua.
En inglés se usa la misma frase, también con bastante frecuencia: to have nerves of steel.