El origen de este concepto probablemente se remonta a las épocas medievales, cuando se creía que varias dolencias como los dolores de cabeza y la pérdida de peso, entre otras, eran causadas por una corrupción de la sangre. A la vez, se pensaba que las emociones negativas como la ira y el odio contribuían a crear más “mala sangre”. Una de las terapias más populares para limpiar la sangre eran las sanguijuelas. Como el remedio era tan desagradable como el síntoma, es fácil de entender porqué, hasta el día de hoy, desaconsejamos hacer mala sangre.
Tanto en inglés como en español existen diferentes usos del término “bad blood”. Por ejemplo, en ambos idiomas, decir que “hay mala sangre” entre dos personas o grupos, significa que existe animosidad u hostilidad entre ellos. Pero el equivalente de la expresión hacerse mala sangre es “to have one’s blood boil” o “to get annoyed/worked up”.
Ejemplo 1:
La peor parte de ir a un concierto en la ciudad es tener que encontrar un sitio para estacionar el auto. Deberías salir con dos horas de anticipación y usar una playa de estacionamiento antes de que se llenen, en lugar de hacerte mala sangre mientras das vueltas en el tráfico esperando lo imposible.The worst part about going to a concert in the city is having to find a place to park the car. You should leave two hours in advance and use a parking lot before they’re all full, instead of letting your blood boil while you drive around in traffic waiting for the impossible.
Ejemplo 2:
No te hagas mala sangre porque perdió tu equipo favorito. A menos que hayas estado en el campo ese día, el resultado estuvo fuera de tu control, así que no vale la pena.Don’t get so worked up because your favorite team lost. Unless you were on the field that day, the result was out of your control, so it’s not worth it.
Ejemplo 3:
Nada me hace mala sangre tanto como ver a alguien tomar crédito por el trabajo de otra persona.Nothing makes my blood boil as much as seeing someone take credit for somebody else’s work.