Hechos y palabras
24 March 2021
Hans Pennink / Shutterstock.com
La política es,
indudablemente, el arte del relato.
Tal vez siempre fue así, desde hace más de 2.500 años, cuando una civilización memorable llamó ‘democracia’ al nuevo sistema de gobierno que
se había ideado en las orillas del mar Egeo.
No hay nada más beneficioso para dirigentes y partidos que articular
una buena historia, por muy alejadas de la realidad que puedan estar esas palabras. La prioridad, en todo caso,
debe ser la retórica.
Un hilo bien articulado de razonamientos y emociones es la herramienta
que mejor funciona para ganarse el favor de la ciudadanía. Pero la seducción del relato, el magnetismo irresistible del discurso, en ocasiones, puede hacerse pedazos
estrellándose contra los hechos. El caso de Andrew Cuomo, acusado de acoso sexual,
es el ejemplo más reciente.
El año pasado, durante los primeros meses de la pandemia de coronavirus, el gobernador de Nueva York
estaba elevándose como una de las figuras más poderosas del Partido Demócrata, y como uno de los representantes políticos
más relevantes en Estados Unidos. Pero su ascenso
había empezado antes: una gran parte de su enorme popularidad como líder de la mayoría progresista neoyorquina la
había construido gracias