El poder ciudadano: entre la subestimación y las enormes posibilidades de cambio
En casi todas partes la manifestación ciudadana tiene una larga historia de represión, o improductividad, y son pocas las personas que tienen fe en esta forma de protesta. Es por eso que, a mi parecer, lo ocurrido durante estos días en Rumania es un ejemplo para todos. Así, idealmente, las protestas trascienden los problemas locales y se convierten en un mensaje de optimismo para todo el mundo.
El martes 31 de enero comenzaron las protestas en las principales ciudades de Rumania, aunque la mayor concentración se dio en la Plaza Victoria, de Bucarest. Todo comenzó cuando el Gobierno del Partido Socialdemócrata (PSD) pasó un decreto para despenalizar algunos casos de corrupción. Entre ellos se cuenta la eliminación de penas de cárcel para los corruptos que hubieran robado o recibido sumas inferiores a 200,000 lei (44 mil euros).
La cara monstruosa de la frivolidad: Melania Trump y el mundo horrible en el que vivimos
El mundo del entretenimiento tiene como fin, entre otros, distraer. Con ello, me parece que el común de los mortales sabe más de fútbol, moda y estrellas de la farándula, que sobre los problemas de su propia comunidad.
En esta línea, la revista Vanity Fair ha hecho una extraña mezcolanza. En su edición mexicana del 25 de enero nos presenta en portada a Melania Trump, primera dama del imperio norteamericano. En la foto, ella agarra un tenedor y enrolla collares de brillantes, como si fueran espaguetis. Luego, en el interior de la revista, la ocurrencia se repite: Melania, frente a un plato lleno de joyas, simula comerlas, y sonríe.
Esta imagen, cínica hasta el extremo, es problemática con cualquier protagonista. En un mundo tan inequitativo e injusto, en el que necesariamente la riqueza de pocos implica la pobreza de muchos, estas exhibiciones resultan despreciables. Ahora, cuando t
Más populismo sin originalidad: las guerras a los extranjeros
A finales de enero, el presidente argentino Mauricio Macri prometió implantar medidas más fuertes para regular la entrada de extranjeros de países vecinos. Y con esto, dice el gobierno, poner freno a la delincuencia que azota al país.
Esta noticia causó indignación en un amplio sector de la opinión pública internacional. Pero, como sabemos, en tiempos de populismos de derecha, estas ideas son cada vez más frecuentes y todo indica que el número de políticas similares seguirá en aumento. Y, todo indica, también, que la estrategia de culpar al extranjero para maquillar los problemas del país, siempre funciona.
Así, no son pocos los ciudadanos que apoyan este tipo de medidas. Según los foros de las redes sociales, esta ha sido muy popular entre los argentinos que, también, ahora pueden dirigir sus miedos a los extranjeros y tener un enemigo común. Y la razón de ello, al parecer, es el
Llamados a la unión americana: entre la indignación y el mero protocolo
Por estos días hemos estado especialmente alarmados por las barbaridades del presidente de turno estadounidense. Y, en el contexto latinoamericano, la que más ruido ha generado es la orden de continuar el muro divisorio entre México y Estados Unidos. Así es: un muro que ya existe en la tercera parte de la frontera y cuya continuación viene anunciándose desde hace décadas... apenas ahora genera indignación.
Entonces, ante la molestia general, no han faltado las opiniones de los líderes del continente. Uruguay fue el primero en reaccionar y expresó, a mi parecer, la más genuina indignación: “El muro no es entre EE.UU. y México sino entre este país y América Latina”. (Palabras, por cierto, que también expresó Hugo Chávez hace más de diez años). Siguieron, con su oportunismo neoliberal, los presidentes de Colombia y Perú, reunidos en Lima el 28 de enero: “tenemos que estar juntos en nuest
Sobre las posibilidades de la censura, y la autocensura
Estamos tan acostumbrados a que el capitalismo apropie cualquier símbolo y lo convierta en producto de consumo, que asimismo olvidamos que la censura sigue existiendo. El siguiente caso, sin embargo, opera de forma contraria, pues la censura parece recaer sobre el capitalismo en sí.
El miércoles 1 de febrero fue prohibida en Venezuela la serie de televisión “El comandante”, la cual retrata la vida del expresidente Hugo Chávez, fallecido hace 4 años. Diosdado Cabello, actual diputado y poderosísimo en el gobierno, cuestionado por corrupción y narcotráfico, emitió un mensaje que se volvió política de estado: “Aquí no se habla mal de Chávez”.
La multimillonaria viuda de Chávez anunció demandas contra la productora; y Nicolás Maduro, el inepto presidente del país, casi se atraganta con su propio populismo: “Le tienen tanto miedo a Chávez que están inventado series para tratar de desfig